27/07/2010 Buenos Aires Económico Página: 4/Comex |
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El desafío que conlleva la negociación entre el Mercosur y la Unión Europea
El análisis de Raúl Ochoa
Tras seis años de impasse y varios meses de evaluación extraoficial, se decidió -en el marco de la Cumbre de Madrid de América latina y la Unión Europea- el relanzamiento de las negociaciones para alcanzar un acuerdo de libre comercio entre la Comunidad y el Mercosur, cuyo primer encuentro se llevó a cabo en Buenos Aires los días 1 y 2 de julio pasados.
Muchos aspectos del escenario internacional han cambiado desde el año 2004, cuando se interrumpieron las negociaciones. El más importante, sin duda, es la irrupción de China, que se ha tornado en un actor principal en materia de comercio e inversiones en esta región, siendo ya en diferentes países el primero, segundo o tercer socio comercial, desplazando de esta manera en forma significativa el casi exclusivo predominio que hasta fines del siglo XX tuvieran los Estados Unidos y los países europeos integrantes de la Unión.
Es más, proyecciones de la CEPAL indicarían que en esta década China superaría a la Unión Europea e incluso a los Estados Unidos como principal destino de las exportaciones y de origen de las importaciones en la mayoría de los países de América del Sur.
Por otra parte, las inversiones chinas vienen creciendo significativamente, y este año, de confirmarse algunas operaciones en trámite de cierre, alcanzarían una cifra cercana a los u$s50.000 M transformándose en el principal país inversor. Por otra parte, además del TLC con Chile firmado en 2006, China ha cerrado el año pasado tratados de libre comercio con Perú y Colombia, afirmando de esta forma su interés en profundizar sus vínculos permanentemente.
Para la Unión Europea, el desafío de un acuerdo con el Merco-sur reside en afirmarse en la su-bregión más importante y evitar el desvío del comercio y las inversiones que implica la "locomotora china". En este sentido, no es casual que, dejando de lado anteriores estrategias, la Comunidad Europea haya cerrado acuerdos con Colombia y Perú al encontrar resistencias para la firma de un pacto subregional con la Comunidad Andina de Naciones -CAN- frente a la reticencia ecuatoriana y boliviana, y también finalizara con relativa rapidez otro acuerdo con los países centroamericanos, bastante similar al que en su momento suscribieran los Estados Unidos, denominado por su sigla CAFTA+DR. Sin duda, dada la situación de Europa, le es vital ampliar sus inversiones y comercio extrazona a fin de lograr un impulso a su actividad económica, que se espera le costará como mínimo dos a tres años para salir de su actual proceso contractivo.
Pero la negociación también tiene sus desafíos para los países integrantes del Mercosur, ya que desde que se decidiera negociar en forma conjunta sólo logró Un acuerdo con Israel y dos de preferencias fijas acotadas con Sud-áfrica y la India y, por lo tanto, se puede decir que prácticamente el bloque como tal en negociaciones de importancia no ha actuado.
Los puntos a favor para el Mercosur en esta negociación se encuentran primero en que la UE, a pesar de sus actuales problemas -o quizás a favor de su existencia- es un socio de gran significación por su capacidad de inversión, sobre todo en los aspectos más acuciantes de la agenda mundial: eficiencia-ahorro-energético, fuentes renovables de energía, disposición y reutilización de residuos; en otras palabras, todo lo referido a tecnologías para el cuidado del medio ambiente y la mitigación del cambio climático. A su vez, dada la participación casi total de las firmas europeas automotrices en la región, es clave avanzar en una mayor participación en la fabricación de nuevos modelos y de autopartes que vayan incorporando en forma progresiva los nuevos desarrollos para el transporte del futuro, teniendo en cuenta las tendencias en materia de nuevos motores y electrónica industrial.
Los países del Mercosur requieren a su vez mejorar y ampliar su infraestructura en materia de transporte, logística, puertos y, en ese sentido, la participación de capital europeo puede ayudar, y mucho, a acelerar la cobertura de esas necesidades que difícilmente puedan ser llevadas a cabo exclusivamente por aportes públicos.
Por supuesto que hay puntos difíciles de complejo tratamiento en lo relativo a la agroindustria dada la persistencia de la protección europea a sus productores en los llamados productos "sensibles", pero lo cierto es que para ambos bloques, en una etapa donde el proteccionismo está latente y agazapado, es importante obtener una negociación exitosa.
Desde el punto de vista privado, que es el que acompaña este tipo de negociaciones, ha habido del lado europeo un expresivo apoyo que se manifestó claramente frente a la oposición declarada por las asociaciones de agricultores de Francia y de otros siete países a este relanzamiento.
Por el lado del Mercosur, la FIESP y la CNI de Brasil, han jugado abiertamente para su reinicio no sólo por el interés de mayor apertura comercial sino para facilitar el ingreso de firmas brasileñas al sistema de compras gubernamentales y su participación en licitaciones europeas. La posición de nuestro país ha sido también de apoyo, como se observara durante el periodo de negociaciones extraoficiales que correspondió al mandato argentino pro-témpore del Mercosur.
Concluyendo, se está frente a una negociación compleja que requerirá como punto principal una continua voluntad política, como la hasta ahora demostrada desde los dos bloques; una dosis de flexibilidad y equilibrada ponderació n de lo que se debe ceder y lo que se puede ganar a partir de un acuerdo de este tamaño, que sin dudas se encuentra entre los de mayor alcance a nivel global y, finalmente, una sabia utilización del tiempo para no confundir velocidad con ligereza, ni caer de nuevo en un interminable tironeo.
Miembro del Instituto Académico de la Fundación Standard Bank, www.raulochoa.com.ar |